Esta semana me he dado cuenta lo rápido que pasa el tiempo, ya no tengo noción del tiempo en nada, menos cuando voy en el metro (excepto la sensación de ir apretado hace alusión a las 7.30 A.M.).Antes uno se le hacía eternas esas tardes en que veías los picapiedras o los supersónicos, sólo por citar algunos, y que la hora de once se compartía con toda la familia, y no engullías una galleta o un trozo de pan rápido porque has dejado todo para última hora como siempre, pero ya los tiempos han cambiado, el “niñito” tiene “obligaciones”.
Hay ratos que me gustaría vivir ocupado, por que cuando no tengo nada que hacer, y trato de hacer algo provechoso, al fin, no hago nada.
Creo que por eso odio con tanto poder los fines de semana, volvemos como al Chile antiguo o es como un día de semana “sureño”, en donde no se puede interactuar con lo cotidiano y placentero de “esa presión de Lunes y Martes”
Culpa del tiempo, total, él puede apresurarse cuanto quiera, y habrá personas que le convendrá y a otras no, como a mí.
Suena medio Peter Pan el texto, pero nada que ver con que niegue a crecer y esas cosas caprichosas.
